Introducción:El film estirable es un producto desconocido a pesar de su utilización casi generalizada. En general, se piensa que "todos los plásticos son iguales", cuando en absoluto es cierta esa afirmación.
Esta parábola trata de hacernos pensar un poquito "en plástico" y empezar a entender algunas de las diferencias que pueden existir entre distintos productos.
Espero que encuentres interesante esta historia y si utilizas film estirable, puedas ahorrar dinero.
Te doy un enlace a una web, en la que puedes conseguir más información e incluso una auditoría, si tu volumen la justifica: www.hicusa.com
Saludos,
Antonio M. Luquero
Juan Luis era un fontanero bastante apreciado en su comunidad.
Había prosperado con el boom de la construcción y vivía bien. Una vida cómoda; mucho trabajo, pero con buenos ingresos.
Un día su suerte empezó a cambiar: primero el divorcio (se quedó sólo con la mitad de sus bienes); luego una constructora en crisis le supuso un fuerte impagado, y por fin la crisis de la construcción redujo el trabajo: tuvo que despedir a empleados y acabó en la ruina.
Como Juan Luis era un tipo valiente, se dispuso a empezar de nuevo. Sus 45 años no eran un obstáculo para llamar a las puertas de sus amigos y conocidos. Así que en menos de un mes, estaba trabajando de nuevo; pero ahora, era vendedor.
Se había convertido en vendedor de productos de fontanería. Y parecía que tendría éxito; conocía el producto, era simpático y muy trabajador.
Juan Luis tenía un coche muy potente. Lo compró en pleno boom de la construcción y era la envidia de sus vecinos. Un descapotable de gasolina, 8 cilindros en V y casi 400 cv de
potencia.
El brillo del coche cegaba a los vecinos al entrar y salir del garaje:
- “¡menudo coche!”, exclamaban a su paso
Juan Luis disfrutaba viendo sus caras.
En el nuevo trabajo de vendedor, la herramienta más valiosa, aparte de él mismo, era el coche. Debería recorrer casi 100.000 Km al año si quería conseguir los objetivos y mantener su nuevo trabajo. Como Juan Luis era avispado, lo primero que pensó era que el coche le saldría muy caro, por lo que decidió venderlo y comprar otro adecuado al trabajo que debería realizar en adelante.
Con el dinero conseguido, se compró un buen coche, adecuado a su nuevo uso: cómodo, confortable, económico y seguro. Era un diesel, pero sonaba a música celestial a su bolsillo.
La decisión no fue tarea fácil. Empezó a leer revistas, hizo tablas Excel, buscó documentación en Internet y finalmente “voilà”, encontró el equilibrio: Seguridad 5 estrellas, consumo 5,6 L, un buen maletero, una buena imagen; ya estaba preparado para hacer viajes largos.
Juan Luis, como era de esperar, se convirtió pronto en el vendedor estrella de la compañía. Sus cifras eran las mejores, superando incluso a vendedores muy veteranos, con muchas tablas y muchos amigos. Su cuenta corriente creció rápidamente: salario, comisiones, primas de objetivos, kilometraje, …
Un día, casualmente, en casa de un cliente (José Angel, un fontanero próspero) vio su antiguo coche. Su nuevo propietario lo había comprado a su vez, a otro fontanero en desgracia a quien Juan Luis se lo vendió hacía unos años.
Ahora el nuevo propietario se sentía ufano de su adquisición y se lo enseñó vanidoso a Juan Luis. Este con una gran sonrisa le dijo a su cliente:
- Tienes un buen coche, disfrútalo. Si yo buscara un coche para mi tiempo de ocio, posiblemente compraría uno como el tuyo. Pero yo tengo el coche que necesito para mi trabajo: seguro y económico.
Juan Luis continuó trabajando duramente como vendedor y al cabo de unos años, su jefe le propuso venderle la empresa. Juan Luis que era intrépido y tenía alma de aventurero, por supuesto que aceptó.
Hizo una importante inversión: nuevas máquinas de producción, más rápidas, más automáticas, más rentables… Quería ser la referencia del mercado.
Produciría 20.000 Mt/mensuales, aproximadamente 40.000 pallets al mes (casi 1.000 camiones).
Un día, llamó un vendedor a su puerta. ¡Qué casualidad!, era José Angel, aquél fontanero a quien conoció cuando tenía su antiguo descapotable.
Se saludaron efusivamente y José Angel le comentó el objetivo de su visita:
- Hoy he venido a ahorrar dinero a tu empresa. ¿Recuerdas cuando me visitaste y viste mi coche, que antes había sido tuyo? Dijiste que tenías el coche que necesitabas para tu trabajo.
- Sí, lo recuerdo, dijo Juan Luis.
- Ahora no haces Km, pero sí haces miles de pallets al año.
- Casi 500.000 Pallets al año, puntualizó Juan Luis.
- ¿Y qué “coche” tienes para hacer tantos pallets? ¿Un deportivo o un diesel?, bromeó José Angel.
- La verdad –balbucéo Juan Luis- no lo sé. Las envolvedoras que tenemos ya estaban cuando yo compré la fábrica. Tienen casi 20 años.
- Bueno –dijo rápidamente José Angel- pues yo te propongo hacer el trabajo que tú hiciste cuando compraste el coche para hacer 100.000 Km al año. Yo haré por ti todos los estudios necesarios para conseguir el equilibrio. En mi empresa, a eso lo llamamos “Auditoría de Enfardado” y los resultados que conseguimos son espectaculares: Ahorros de costes y reducción de residuos. ¿Qué te parece?.
Rápidamente Juan Luis le dijo a José Angel:
- Hace 10 minutos, estaba perdiendo dinero con las líneas de enfardado, pero no lo sabía. Ahora pierdo dinero, pero lo sé, así que cuanto antes hagas tus “Auditorías de Enfardado”, antes estaré tranquilo.
José Angel hizo su trabajo y Juan Luis comenzó a ahorrar dinero.
Al mismo tiempo, sus clientes le felicitaron por reducir los residuos plásticos de los pallets. Su empresa fue considerada un ejemplo a seguir por su preocupación por el Medio Ambiente. Incluso un día abrió el informativo de más audiencia por sus logros medioambientales y colaboración al Desarrollo Sostenible… 